Islandia en moto
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Islandia en moto

El primer desafío desde Seyðisfjörður hasta Mývatn

I

Illya Alvarado Diaz

16 de marzo de 2026

Ubicación

Islandia

Lectura

10 min

Temporada

Verano

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Hay viajes que empiezan suavemente.

Y luego están los que empiezan de golpe, como una bofetada de aire frío en la cara.

Nuestro viaje de 15 días por Islandia fue exactamente así.

Después de varios días de ferry atravesando el Atlántico Norte, la rampa del barco se abrió finalmente en el pequeño puerto de Seyðisfjörður. Frente a nosotros aparecía un fiordo profundo, rodeado de montañas oscuras y nubes bajas. Era julio… pero el aire tenía ese frío húmedo que te recuerda inmediatamente dónde estás.

En ese momento sabíamos una cosa:

la aventura acababa de empezar.

Primeros minutos en Islandia

Antes de pensar en rutas, volcanes o cascadas, tocaba hacer lo más básico.

Gasolina.

En Islandia casi todas las gasolineras funcionan en autoservicio. Metes la tarjeta, seleccionas el surtidor y llenas el depósito. Rápido, práctico y sin nadie alrededor.

El tipo de eficiencia que encuentras en los países del norte.

Depósitos llenos.

Guantes puestos.

Moto arrancada.

Y entonces sí… empezamos a rodar.

La primera prueba: el puerto de Seyðisfjörður

Nada más salir del pueblo comienza la subida por la carretera que atraviesa las montañas hacia el interior. Una carretera estrecha, llena de curvas, que sube rápidamente desde el fiordo hasta el altiplano.

La niebla apareció casi de inmediato.

En cuestión de minutos el paisaje cambió completamente. Pasamos de ver el mar al fondo del fiordo a rodar entre nubes, con el viento golpeando el casco y la temperatura cayendo varios grados.

Ese fue el primer recordatorio de Islandia:

Aquí el clima manda.

Puedes venir en verano, en invierno o en primavera. Da igual. La isla decide cómo va a recibirte.

Un viaje de 15 días por la isla del fuego y el hielo

El plan era sencillo sobre el papel.

Durante dos semanas queríamos recorrer Islandia en moto, combinando carretera y pistas para descubrir algunos de los lugares más salvajes del país.

Volcanes.

Glaciares.

Ríos.

Desiertos de lava.

Islandia es uno de los pocos lugares de Europa donde todavía puedes rodar durante horas sintiendo que estás en medio de la nada.

Y esa sensación es exactamente la que estábamos buscando.

El clima islandés no perdona

Aunque estábamos en julio, el frío era constante.

El viento venía del norte cargado de humedad y las ráfagas cruzaban la carretera de lado a lado. A ratos llovía. A ratos parecía que iba a abrir el cielo… y cinco minutos después volvía la niebla.

Conducir en moto en estas condiciones cambia completamente la percepción de la ruta.

Los kilómetros pesan más.

Las manos se enfrían.

Y cada parada se convierte en un pequeño refugio.

Después de bastante rato rodando decidimos parar en una pequeña venta de carretera para entrar en calor.

Un café caliente, una charla rápida y de nuevo al asfalto.

Un nuevo compañero de aventura

El viaje también empezó con una sorpresa inesperada.

En el ferry habíamos conocido a un viajero que estaba recorriendo Islandia completamente solo. Después de hablar un rato durante la travesía decidió unirse a nuestra ruta.

A veces los viajes funcionan así.

Sales con una idea…

y el camino va añadiendo personajes a la historia.

200 kilómetros hacia el norte

La primera etapa nos llevaba hacia el norte, aproximadamente unos 200 kilómetros de carretera atravesando el interior del este islandés.

Una vez superado el puerto de montaña conectamos con la carretera principal que rodea el país. A partir de ahí el paisaje se abrió completamente.

Llanuras volcánicas.

Montañas negras en el horizonte.

Ríos glaciales cruzando el terreno.

Y kilómetros de carretera prácticamente vacía.

Rodar en Islandia tiene algo especial. No es una conducción técnica ni rápida. Es más bien una especie de meditación en movimiento.

Avanzas despacio, mirando el horizonte, sabiendo que en cualquier momento el paisaje puede cambiar por completo.

Llegada a la región volcánica de Mývatn

Al final del día llegamos a la zona de Lake Mývatn, uno de los lugares geológicamente más activos de Islandia.

Aquí la tierra parece viva.

El suelo humea en algunas zonas, el aire huele a azufre y los paisajes parecen sacados de otro planeta. Muy cerca se encuentra también el campo geotérmico de Hverir, donde el barro hirviendo y las fumarolas recuerdan constantemente que Islandia es una isla volcánica.

Era el final de nuestra primera jornada.

Pero al mismo tiempo… era solo el principio.

Islandia apenas empieza

Aquella primera ruta fue una introducción perfecta a lo que vendría después.

Durante los días siguientes nos esperaban:

  • pistas perdidas en las Highlands

  • ríos que cruzar con la moto

  • volcanes activos

  • glaciares gigantes

  • y algunos de los paisajes más brutales que se pueden recorrer en Europa.

Islandia no es un destino cómodo.

Pero precisamente por eso…

es uno de los viajes más increíbles que se pueden hacer en moto.

Y nosotros acabábamos de empezar.

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Illya Alvarado Diaz

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